domingo, 22 de abril de 2007



Desafuero Estético. De la arquitectura informal a la gráfica contemplativa.

Desde la peligrosa perspectiva “objetiva” del entramado visual de nuestro entorno social y humano, se desprende un tejido normativo que regula una oferta estética poco convencional. Una urbanidad signada por el despotismo no tarda en reflejar semejante padecimiento de innumerables maneras; hemos sido testigos de la construcción arbitraria de un universo urbano sui generis, que lejos del imperio de leyes cosmogónicas, ha creado de manera desafiante un lenguaje propio, una retórica gráfica y arquitectónica que se erige como insignia del caos urbanístico de una modernidad agonizante.

Deben ser pocas las capitales que no gozan del cosmopolitanismo, esa cadencia multicultural que infecta al fantasma conservador, lo interviene, lo modifica y lo convierte en simple actor de reparto histórico que se refugia en una digna decadencia. Una sociedad que se basa en el principio de la unidad de la diversidad, suele ser el sostén de infinidad de imágenes, que en conjunto, forman un mestizaje iconográfico complejo, un chinchín que sacia el apetito vivencial de cada individuo. Es aquí, donde arquitectos y diseñadores en general-- fundamentados en estrictos procesos de creación-- hacen su contribución para la formación de identidades y valores culturales, edificándose así una matriz ideo estética con un sello local.

Es cierto que la personalidad de una ciudad es, en gran parte, producto de sus habitantes, de su interacción tribal, de sus patrones de consumo y de su componente arquitectónico formal o informal, sin embargo, detrás de todo esto existe otro factor determinante de la singularidad personal de cada cuidad: Una energía disfrazada de costumbres, hábitos, tradiciones, modos, mañas, apatías y desganas que invisiblemente cultiva necesidades y crea cultura. Es aquí donde el diseño y la creación se pronuncian, se expresan y se convierten en protagonistas de la realidad citadina.

Cada vez nos vemos mas inmersos en la necesidad de encontrar satisfacciones sensitivas de todo tipo, nuestros sentidos son vulnerables a cuan gracioso es lo que percibimos, dependemos emocionalmente de satisfacciones estéticas; de modo que el diseño y la forma crean categorías emocionales variables, en este sentido, arquitectos y diseñadores sugieren graficas, formas y volúmenes que estimulan nuestra voluntad perceptiva haciéndonos sensibles a sus especulaciones abstractas y a su imaginación, originando en cada individuo una percepción personal traducida en gustos y preferencias que crean hábitos y mercado.

¿Cultura de diseño o diseño de cultura?
Es innegable que en las ciudades del mundo desarrollado exista una monstruosa oferta cultural en materia de diseño; mientras haya una mayor cantidad de habitantes con las necesidades básicas copadas, es decir, con disponibilidad de nutrirse de insumos poco convencionales, habrá una mayor propensión a sensibilizarse por objetos, graficas, formas y volúmenes alternativos; moldeándose un patrón generalizado de sensibilidades individuales traducido en una cultura de diseño. Por otro lado, en poblaciones con altos niveles de pobreza, con estructuras heterogéneas, es más difícil crear conciencias sensibles a modos alternativos de vida, por tanto, predominan individuos y sociedades cuadriculadas, borregos polímeros que terminan siendo una suerte de interpretes distorsionadores de culturas predominantes a escala global.

Ahora bien, ¿Cuál es el papel del diseño en la sociedad? ¿Es sólo un arte aplicado a necesidades humanas? ¿Puede llegar a ser el diseño un arte meramente contemplativo? La labor social del diseño comienza por responder a las demandas de una sociedad cada vez mas abierta al protagonismo artístico, como dijo Thierry De Dave “ El post-modernismo no se materializará hasta que el arte se conciba como parte de la industria del entretenimiento” . Siendo así, la relación entre el diseño y la sociedad tiende a ser cada vez más estrecha.

Particularmente, las diferentes ramas que conforman el arte de diseñar varían en cuanto al carácter funcional, estético y contemplativo. No obstante, el peso contributivo de cada una de estas vertientes al espectro cultural va mas allá del plano esencial, se trata de afectar la percepción del sujeto, de erigir una conciencia crítica dentro de la población, de encontrar individuos con criterio; no se trata de buen o mal gusto, por el contrario, se trata de crear gustos y preferencias ,es decir, alternativas de consumo visual y funcional; en suma, una catarsis generalizada creada por creadores, quienes son los encargados de fabricar tendencias, de conducir las inclinaciones individuales para obtener una propensión legítima a las derivaciones de procesos creativos.

Para que exista una verdadera cultura de diseño es necesario el diseño de la misma, en otras palabras, hay que diseñar una cultura de diseño. Es imperativo cuestionar las definiciones peyorativas hacia creaciones lejanas al paradigma estético imperante, los populosos ranchos pueden quedar desplazados por la noción de arquitectura informal , la gráfica aplicada puede llegar a ser puramente contemplativa, llegó la hora del diseño cultural y los buhoneros ecológicos.

Caracas: Emblema del Caos Esteticista.

La singularidad excepcional de las capitales latinoamericanas cuenta con excepciones dentro de las excepciones, Caracas es una de ellas. Erigida en un valle rodeado de colinas y montañas, es la conjugación del pasado colonial y el petro-caudillismo moderno. Cuenta con una heterogeneidad arquitectónica única, desde las genialidades de Carlos Raúl Villanueva, pasando por el estilo “Ad-eco” del nuevo riquísimo de la zona este y sureste, hasta el vasto cubrimiento de la arquitectura informal; todo esto bajo el mismo cielo tropical. En las calles se vive una experiencia propia, todo un viaje a través de una exposición permanente de imágenes que son las balas de una metralla gráfica indetenible; vayas publicitarias legales e ilegales, graffitis ( artísticos, políticos y sentimentales), carteles ( Discplays Carteluos, Ficción Boxística etc), pancartas (Campaña Política, Eventos, Promociones), avisos luminosos (Multinacionales Varias, Auto Repuestos, Farmaloquesea, y un amplísimo etcétera). Así se expresa la cultura gráfica Caraqueña, detrás de todo eso están los cerebros creativos que han confeccionado la cultura gráfica de la ciudad.

Sin embargo, este bagaje gráfico no es mas que una respuesta a necesidades humanas contemporáneas, un purgante creativo generacional que representa el protagonismo creciente del diseño en el ámbito socio-cultural, protagonismo que ya no es sólo de un arte aplicado, sino que se va materializando cuando la gráfica se convierte en algo para colgar en la pared.

jueves, 19 de abril de 2007



Nieve, trópico e informalidad: el estacionamiento dormitorio.

Cuando en Caracas la arquitectura era arquitectura, el peatón era peatón, la acera era la acera, el ciudadano era ciudadano y la ciudad era ciudad; la informalidad era cuestión de vestir, de comunicarse, de interacción coloquial.
Haber sido bastión de la modernidad infraestructural le brinda un pedigrí perdido a la capital, una casta estética de linaje que fue desplazada por una suerte de “adequismo” arquitectónico, acompañado de un proceso “desplanificador” de “informalización” del espacio.
¿Hasta que punto es reversible semejante espantajo? La arbitrariedad como cultura de la intervención, la legitimidad de la supervivencia, Darwinismo urbano, un Estado interventor permisivo y alcahuete, el subsidio moral de la informalidad.
La buhonería del vestir, de la belleza, de la comunicación, del transporte público, de la alimentación, del entretenimiento, de la educación, de la salud, del voto, de la democracia. Valor imperante en la cultura capitalina, un hábito colectivo incontrolable y obtuso. ¿Cómo desinformalizar la ciudad?
¿Asumimos el fenómeno como autóctono y nos deshacemos de la minoría formal del diseño y la planificación de antaño y la intervenimos arbitrariamente? ¿Reconocemos finalmente que vivimos en un estacionamiento dormitorio, en un cuartel de alarmas?
Desde la llegada del vehículo automotor bebemos gasolina y aceitamos nuestras articulaciones, el automóvil autoritario y soberano, la absoluta “autocracia” al servicio del imaginario aspiracional colectivo, del mercado en su lado generoso para el Estado y del progreso de la decadencia, de la sociedad discapacitada.
Un problema existencial de los arquitectos: El espacio mal ocupado, el Cubo Negro, el Hotel Four Seasons, Valle Arriba Suites, el Centro Comercial el Tolón, el cultivo hidropónico, Sabana Grande y sus invasores, el pueblo tiene que comer, la gente necesita techo, la gasolina a precio de agua negra, el pasaje subterráneo y superficial como subsidio a la osteoporosis mental y la acera un concreto semi-inútil.
Una capital informal, un país informal, un Estado informal, una cultura informal, una economía informal, una política informal, un desarrollo informal, una vida informal: Un problema informal para soluciones informales. La nieve cae sobre la montaña nevada en plena cordillera de la costa tropical.